
(Cajamarca, 21 de julio de 1869 – Lima, 26 de diciembre de 1964)
Fermín Málaga Santolalla se consolidó como una de las figuras más polifacéticas y determinantes del Perú de la primera mitad del siglo XX, destacando con igual brillo en la ingeniería, la alta política y el empresariado minero.
Su vocación técnica comenzó a forjarse en 1884 al ingresar a la Escuela de Ingenieros, se graduó como ingeniero de minas (1894) y civil (1898). Con una sólida base científica, Málaga se integró rápidamente a las redes académicas más prestigiosas del país, formando parte de la Sociedad Nacional de Minería y de la Sociedad Geográfica de Lima, institución esta última donde desarrolló valiosos estudios de estadística geográfica.
Su ingreso a la escena política se dio en 1903 al ser elegido diputado por Cajabamba. Desde el parlamento y el Ejecutivo, demostró ser un hombre de Estado con una visión modernizadora. Durante el primer gobierno de Augusto B. Leguía, como Ministro de Fomento (1912-1913), impulsó con firmeza la Ley sobre Irrigación y Colonización de la Costa y respaldó el contrato Brytton, una de las iniciativas agrarias más ambiciosas de la época que contó con el respaldo de la Comisión Principal de Hacienda de la Cámara de Diputados.
En el ámbito institucional, su prestigio técnico lo llevó a ser Miembro Fundador y Presidente de la Sociedad de Ingenieros del Perú. Desde este cargo, el cual ejerció en 1921 coincidiendo con las celebraciones del Centenario de la Independencia, promovió con fuerza el desarrollo de la industria ferroviaria. Su liderazgo en el sector científico continuó como presidente de la Sociedad Geológica del Perú en dos periodos (1927-1928 y 1954-1955), además de presidir el Primer Congreso Nacional de Geología.
Durante el Oncenio de Leguía, asumió responsabilidades de alta seguridad nacional. Como Ministro de Marina (1923-1925) y posteriormente como Ministro de Guerra (1925-1928), lideró una profunda modernización de las fuerzas armadas. Bajo su gestión se construyó la base naval de San Lorenzo, se adquirieron los históricos sumergibles R-1 y R-2, y se transformó el sistema de combustión —de carbón a petróleo— de los cruceros Almirante Grau y Coronel Bolognesi. Asimismo, impulsó decididamente la construcción de la Escuela de Aviación Jorge Chávez, edificó nuevos cuarteles, multiplicó los campos de aterrizaje en todo el territorio nacional y promovió la reforma del Código Militar. En el debate político, Málaga fue reconocido como un técnico brillante y un parlamentario de gran valía, célebre por su capacidad para disentir con profundo respeto y serenidad.
Más allá de la política, su legado más tangible provino de su conocimiento del subsuelo peruano. Años después de publicar su célebre estudio El carbón en el Perú, fundó la compañía «Negociación Fermín Málaga Santolalla e Hijos», empresa con la que revolucionó la minería nacional mediante la explotación de tungsteno a gran escala en los yacimientos de Pasto Bueno (Ancash/Pallasca) y Tamboras (La Libertad/Santiago de Chuco).
Málaga Santolalla también dedicó tiempo a la proyección social como socio de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, desempeñándose como inspector del Sanatorio Olavegoya de Jauja. Su vasta experiencia quedó plasmada en valiosas publicaciones técnicas que trascienden su tiempo, tales como El mineral de Santa Rosa (1929), El tungsteno en el Perú (1954) y El Ferrocarril de Paita al Marañón (1955).
Tras una longeva vida dedicada al progreso técnico, científico y político de su patria, el ingeniero Fermín Málaga Santolalla falleció el 26 de diciembre de 1964, a los 95 años de edad.
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